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Category Archives: Naturaleza

El dinosaurio de la semana: Stegosaurus

Stegosaurus

El dinosaurio de la semana: Velociraptor

Velociraptor

“Germina que no es poco”

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Germina que no es poco es un nombre tan original como el proyecto que encierra. El Colectivo967, un grupo de arquitectos e ingenieros de Albacete, ha propuesto una alternativa de uso para aprovechar los solares desocupados de la ciudad.

Germina que no es poco pretende reconvertir estos solares abandonados en huertos educativos. Para ello han fijado la localización que mostramos a continuación para llevar a cabo tal empresa. La idea principal es proveer de un espacio verde para hacer un uso divulgativo y pedagógico de la naturaleza dentro de nuestra ciudad. Una forma muy práctica de acercar a los más jóvenes a los huertos periurbanos.

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En cuanto a las especies cuya plantación se ha planificado se encuentran hortalizas y plantas  aromáticas como las siguientes:

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Actualmente Colectivo967 se encuentra en la segunda fase del proyecto, limpiando el solar y preparándolo para el establecimiento del huerto urbano. Para ir abriendo boca podemos echarle un vistazo a proyectos similares en otras ciudades:

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El equipo de este blog ha conseguido hablar con Colectivo967 y el sábado haremos pública la entrevista que muy amablemente nos concedieron. Desde aquí queremos darles las gracias no sólo por el compromiso social que desempeñan sino también por la amabilidad con la que nos han recibido.

Lámparas animales: el secreto de la fluorescencia.

La bioluminiscencia es el fenómeno de emisión de luz producida por sistemas vivos tales como animales, plantes, bacterias o células. Un fenómeno que popularizó la ficción cinematográfica Avatar con multitud de organismos vegetales que hacían uso de este mecanismo para comunicarse entre individuos de la misma o diferente especie.

Nada lejos de la realidad pues la bioluminiscencia es un fenómeno que sucede en la naturaleza con más asiduidad de la que nos creemos. Antes de entrar en detalles, vamos a tratar de explicar el principio físico en el que se basa la emisión de luz y a continuación podremos entrar en detalles biológicos.

 

Cala tropical donde migran grandes bancos de medusas con propiedades bioluminiscentes.

Un fotóforo para iluminarlos a todos.

Para producir luminiscencia necesitamos antes de nada una molécula que sea capaz de absorber y emitir luz: un fotóforo. Ésta molécula será capaz de excitarse cuando es foco de la radiación electromagnética, es decir, un haz de luz de una longitud de onda determinada que es capaz de incidir sobre los electrones de la molécula.

Los electrones de la molécula que recibe la radiación se encuentra, normalmente, en un estado energético bajo – podríamos decir que están relajados- de manera que cuando la radiación incide sobre ellos se excitan y absorben la energía de la radiación. Una vez llegados a este punto, si la energía que absorben los electrones relajados es suficientemente grande podrán saltar al nivel de energía inmediatamente superior y transformarse en partículas excitadas.

Éstas partículas excitadas se relajan con el tiempo de forma natural y esta relajación es radiativa: se relajan emitiendo luz. La luz que emiten siempre es a una longitud de onda mayor, por lo que podemos jugar en el espectro del visible tal que un electrón que absorba luz solar puede emitir luminiscencia en un color determinado. Dependiendo de la velocidad de relajación el proceso lo llamaremos fluorescencia – relajación rápida- o fosforescencia -relajación lenta-.

La luciérnaga y su aplicación molecular en la Bioquímica moderna.

Ésta familia de coleópteros – que agrupa bajo el nombre de luciérnaga a más de 2000 especies diferentes – ha aportado uno de los métodos más relevantes de finales del siglo pasado en el campo molecular.

La luciérnaga cuenta con una enzima muy peculiar que se expresa en su cola, la luciferasa. La luciferasa es una proteína que oxida la luficerina, su sustrato, para emitir luz con el gasto energético que ello comporta.

La llegada de la luciferasa al laboratorio tiene que ver con los métodes de detección de fluorescencia. El gen de la luficerasa se puede expresar de forma recombinante  y administrar de forma exógena su sustrato para medir los niveles de radiación y la localización en distintos tipos celulares o bien en distintos órganos. Es muy útil para hacer el seguimiento cuando expresamos la luciferasa en unida covalentemente – fija – a otras proteínas que queremos evaluar y rastrear ya que seguir la luz es relativamente fácil.

Cabe aclarar que, si bien hemos dicho que la luciérnaga cuenta con luciferasa en su cola, esta enzima no es expresada directamente por su genoma sino por bacterias luminiscentes que viven en su cola en una harmonía perfecta –simbiosis-.

Bioluminiscencia en la naturaleza.

Algunos cefalópodos abisales son capaces de producir bioluminiscencia pero ¿Para qué la usan?

-          Atraer a presas. La curiosidad mató al gato… También al pez abisal que se perdió a 6 km de la superficie marina y se acercó a comprobar que era aquella lucecita intermitente…

-          Distinguir entre machos y hembras. La intensidad de luz producida viene directamente regulada por la capacidad de sintetizar luciferasa y la cantidad de esta proteína es un claro dimorfismo sexual entre machos y hembras.

-          Confundir a depredadores. También es una buena manera de asustar a aquellos depredadoresque se mueven en la oscuridad absoluta del fondo oceánico.

Luciérnagas y otros insectos.

-          Aparearse. Algo así como la danza del apareamiento de muchos otros animales, como pájaros tropicales. Como ya hemos dicho hay más de 200 especies diferentes de luciérnagas y cada especie sólo puede aparearse con otro miembro de la misma. Así los machos de cada especie tienen un patrón de encendido/apagado característico para encontrar a la hembra de la especie que le corresponde.

¿Bioluminiscencia para un futuro sostenible?

Antes de cerrar el artículo no os podíais perder el proyector Growing Plant -http://www.glowingplant.com/ – desde donde se distribuyen semillas con el gen de la luciferasa que pueden emitir luz en el rango del visible y que pretende utilizarla en un futuro próximo como fuente de luz natural en ciudades y otras zonas iluminadas. ¿Estamos ante un sustituto natural de las farolas?

Breve historia natural de las hormigas león (Neuroptera: Myrmeleontidae)

En algún claro arenoso de uno de nuestros interesantes espartales albacetenses, una fila de pequeñas hormigas negras del género Camponotus se desplaza con parsimonia hacia su cuartel general subterráneo. Caminan sin prisa pero sin pausa, sienten en sus pequeños cuerpos una suerte de primitivo poder predictivo que las pone manos a la obra para proteger la colonia de una lluvia inminente. Estamos a finales de julio, y estas tormentas veraniegas son comunes. Los obreros llevan semillas y restos de animales muertos, así como hojas, ramitas y tierra nueva que van introduciendo en el hormiguero. Los soldados, de amplias cabezas, vigilan que la operación ocurra sin problemas y deambulan alrededor de la marabunta, cerca de la entrada del hormiguero. Como si la escena estuviera cronometrada, poco después de que la última hormiga desaparezca en la oscuridad del reino subterráneo, la lluvia empieza a caer.
Un par de días después, el sol, cuyos rayos volvieron a calentar la tierra a la mañana siguiente de la tormenta, ya ha secado el suelo. Las hormigas vuelven a la superficie con sus quehaceres. Sin descanso, colaboran para hacer más grande y rico el imperio al que pertenecen. A un metro o dos de allí, a los pies de una gran roca erosionada, algo se mueve. Un pequeño bulto de arena y la marca que va dejando delata su presencia, aunque se mueve a unos milímetros bajo el suelo. Se trata de un depredador que aprovecha el factor sorpresa para atacar a sus víctimas y alimentarse. Aquí vive una joven larva de hormiga león. Las lluvias recientes han destruido su trampa y tan pronto como se ha secado la arena, se ha puesto manos a la obra.

Aspecto de la larva de Myrmeleon formicarius. GGSS

La hormiga león, a pesar de su nombre, no es una hormiga típica (Hymenoptera: Formicidae), sino un neuróptero, como las beneficiosas crisopas, los ascálafos o la famosa Nemoptera bipennis, símbolo de la Asociación Española de Entomología. El aspecto (monstruoso si midieran 3 m) de las larvas les otorgó ese nombre (Myrmeleon, el género que da nombre a la familia, significa, literalmente, hormiga león). Son pequeñas criaturas poco más largas que las hormigas normales, de aspecto jorobado, con un abdomen de gruesa cutícula que les protege de las altas temperaturas que alcanza el suelo en los veranos mediterráneos, una cabeza alargada dotada de dos largas estructuras a modo de mandíbulas de aspecto feroz y dos pares de patas dirigidos hacia delante y el otro hacia la parte trasera del abdomen. Tienen un característico modo de locomoción, pues se desplazan siempre hacia atrás por medio de convulsiones abdominales, facilitando su enterramiento.
Como decía, nuestra hormiga león se dispone a construir un nuevo centro de caza: desplazándose en círculos cada vez más cerrados y expulsando arena mediante rápidos movimientos de la cabeza, va creando una especie de embudo en la arena, una trampa, en el fondo del cual permanece tras haberlo construido (1). Al cabo de unas horas, a pocos centímetros de nuestra larvita, van apareciendo más embudos de otras larvas hermanas. Es curioso, pero por lo general, las larvas que construyen su embudo en sitios alejados de zonas más cubiertas por vegetación lo hacen con un menor diámetro, mientras que el de nuestra larva, que se encuentra en una zona más expuesta, es mayor (2).

¿Y ahora qué? Ahora, a esperar. Pueden pasar horas, minutos o segundos, pero tarde o temprano, una hormiga procedente del hormiguero cercano pasará por allí. Ya sea un obrero en busca de comida que llevar al hormiguero o un soldado explorando el terreno circundante, una hormiga caerá al embudo y comenzará la acción. La hormiga intentará salir de la trampa, pero la larva de hormiga león zarandeará la cabeza, lanzándole arena para que caiga, a la vez que las paredes del embudo de arena comenzarán a desmoronarse. Y así ocurre. La hormiga acaba presa de las piezas bucales de la larva de hormiga león, que atraviesan su exoesqueleto inyectando un líquido disolvente que destruye el interior de la hormiga, matándola. Es una muerte cruel pero necesaria. Nuestra larva absorbe su jugo hasta que no queda de la hormiga algo más que una crujiente piel seca. Las presas de las hormigas león no son siempre hormigas, en realidad, cualquier pequeño invertebrado que caiga en su trampa es susceptible de ser su presa, desde arañas de pequeño tamaño hasta isópodos (cochinillas de la humedad o ‘bichos bola’). Cuando la larva ha terminado, con un rápido movimiento de la cabeza, lanza el cuerpo seco de su presa por encima de su embudo para no estorbar, y después lo reconstruye.
Las hormigas león pueden permanecer hasta 3 años en forma de larva, dependiendo de la especie. Pasan las semanas y llega un día en que la larva siente que está preparada para dar el paso: construye un pequeño capullo redondo con granos de arena que une con una especie de seda y se acurruca en su interior. Algunos días después, la larva ya se ha transformado en una criatura amarillenta de grandes ojos que no es ni larva ni adulto (imago), sino crisálida, y permanece prácticamente inmóvil mientras, en su interior, sus tejidos se redistribuyen y van formando futuros órganos.

Crisálida de Myrmeleon formicarius. GGSS

Tras unas pocas semanas, el imago ya está completamente formado y surge de la arena, estirando lentamente sus cuatro alas transparentes. En su último estadio de vida, se parece lo mismo a su larva que una mariposa a su oruga. Su pequeña cabeza es triangular y está dotada de dos enormes ojos de color característico y un par de antenas capitadas, acabadas en un pequeño mazo. El abdomen es largo, otorgándole aspecto de caballito del diablo. Vuelan bastante torpemente al atardecer en busca de un individuo del otro sexo con el que aparearse. Nuestra hormiga león emprende su primer vuelo, que no estará exento de peligro, en busca de pequeños insectos y polen. Puede ser capturada por cualquier ave insectívora, salamanquesa o insecto depredador, como las mantis, aunque no obtendrán mucho alimento debido a la delgadez del imago.

Imago de Myrmeleon formicarius. GGSS

Muchas veces, las hormigas león adultas son atraídas por las luces de la ciudad. Es fácil verlas en las noches de finales de verano revoloteando alrededor de luces de escaparates y farolas, mientras que por el día permanecen con las alas plegadas escondidas o sobre troncos o hierbas. Nuestra hormiga león resulta ser una hembra y, tras haberse apareado, encuentra otra zona arenosa donde depositar sus huevos, que coloca individualmente en la arena. Los adultos sólo tienen un cometido, el de la reproducción. Así que, a los pocos días, muere. Así se repite el ciclo biológico de las hormigas león, un insecto fascinante que pasa desapercibido casi siempre y cuya existencia ignoran la gran mayoría de los humanos.

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(1) En la serie documental El Jardín Viviente, en el capítulo titulado Amantes de la arena, hay una secuencia donde aparece una larva de hormiga león construyendo su nido a alta velocidad. No os la perdáis.
(2) Según Hakan Bozdoğan, Cengiz Bahadıroğlu y Sevil Toroğlu en Some behavioral observations on larvae of Antlion, Myrmeleon formicarius Linnaeus, 1767 (Neuroptera: Myrmeleontidae) in forest and non-forest areas of Kahramanmaras Province, Turkey (Journal of Zoology, 2013).

Polinización en Ophrys speculum o espejo de venus.

Cuando oímos hablar de orquídeas, generalmente lo primero que se nos viene a la cabeza son esas flores tropicales de origen tan lejano y que nos resultan tan “modernas”. Sin embargo, el conocimiento de las orquídeas no es ni tan moderno, ni tan lejano. De hecho, el nombre orquídea se lo debemos a los griegos clásicos, y deriva del vocablo “orchis” que quiere decir “testículo”. Esto es debido a que las orquídeas que crecen en Europa, que son las que los griegos conocían, forman unas estructuras subterráneas similares a tubérculos (generalmente dos) que se asemejan a los genitales masculinos.

Foto de una orquídea del género Orchis en la que se observan los tubérculos.

Las orquídeas son el grupo vegetal más diversificado y también el más moderno y, como cabría esperar, son las que poseen algunos de los sistemas para atraer polinizadores más sofisticados. Mientras la mayoría de las plantas ofrecen en sus flores recompensas tan rudimentarias como sustancias nutritivas, las orquídeas han ido un paso más allá en su evolución y ofrecen recompensas como aceites fragantes, que los insectos utilizan como “perfume” para atraer a las hembras de su especie, ceras, e incluso ofrecen “sexo”, al asemejarse su labelo (pétalo más grande y llamativo de la flor de la orquídea) a las hembras de la especie de su polinizador, y llegando a emitir compuestos químicos con estructura similar a las feromonas de dicha hembra, algunas incluso con más efecto en el macho que la feromona auténtica.

El espejo de venus (Ophrys speculum) es una de esas plantas cuya flor se asemeja a la hembra de su polinizador, la avispa  Dasyscolia ciliata, tanto en la textura pilosa de su labelo y su forma, como en los compuestos volátiles que desprende, similares a las feromonas femeninas de este insecto. Para el macho de Dasyscolia ciliata, con su básico sentido de la vista y abrumado por la percepción de feromonas femeninas, no cabe duda de que aquéllo sobre lo que se está posando es una hembra receptiva de su especie, por lo que intenta de una y otra forma llevar a cabo la cópula, agitándose de un lado a otro en una frenética confusión.

                               

             Flor de Ophrys speculum.                                                            Polinizador de Ophrys speculum                                                                                           sddddddddddddddddddddfgfgddddddDasyscolia ciliata)

Al agitarse de un lado para otro buscando la manera de copular con el labelo de la flor, el macho acaba tocando el lugar en el que se encuentra el polen de la flor.  En el caso de las orquídeas, el polen no se encuentra expuesto y en forma de granos sueltos esperando a engancharse a los pelos de algún insecto que visite la flor, sino que han evolucionado hasta convertirse en unos pequeños paquetes (polinias) unidos a un pedúnculo adhesivo  que se queda pegado en el cuerpo del insecto polinizador. De este modo, cuando el macho de esta avispa toca el lugar en el que se encuentran las polinias, éstas quedan adheridas a él, esperando que las transporten hasta otra flor.

 

 

 

 

 

 

Proceso de adhesión de la polinia y detalle de la polinia adherida a la punta de un lápiz

Una vez que la avispa se va frustrada y con una o las dos polinias adheridas a ella, puede que dé con otra flor de Ophrys speculum con la que probablemente intentará copular de nuevo. Las estructuras femeninas de las orquídeas también se han diferenciado y han dado lugar a la “columna”, que presenta una superficie de textura pegajosa que hace que al más mínimo contacto de la polinia con ella los granos de polen queden adheridos, finalizándose así el proceso de polinización cruzada de la orquídea, y desencadenando la fructificación de la planta y el desarrollo de las semillas.

En las imágenes superiores se observa cómo al frotar la polinia sobre la superficie pegajosa de la columna, los granos de polen quedan perfectamente adheridos a ella.

También, en la imagen de la derecha puede observarse cómo la flor presenta todavía una de las polinias (la de la izquierda) con su parche adhesivo esperando a pegarse al cuerpo de algún insecto, mientras la de la derecha se encuentra ausente.

Cabe destacar que se trata de plantas muy específicas en cuanto a la selección de polinizadores, ya que el uso de feromonas específicas y semejanzas visuales con especies concretas establecen relaciones insecto-planta muy estrechas y selectivas, que se han ido desarrollando a los largo de millones de años de coevolución.

Una vez más espero que os haya resultado interesante e ilustrativo.

Proyecto AlbaNatura: Vuestra participación, la verdadera protagonista.

Ya hace tiempo que ha calado esta idea en la blogosfera.  Un blog o una web no son los contenidos que se generan, son el contenido que sus lectores y participantes generan. Algo que hoy en día es más acentuable con la presencia de las redes sociales. En ciencia pasa algo parecido y cuando me refiero a ciencia en general es porque me refiero a todas las ciencias habidas y por haber.

Hacer ciencia ya no es solamente plantarse delante de una pizarra a formular teoremas, ni mezclar el contenido de mil frascos en un tubo, ni asomarse a un telescopio. La ciencia que se hace a lo grande necesita de muchas personas. Los proyectos “citizen science” sajones son aquéllos que tratan de involucrar a la población para publicar un resultado. Desde analizar imágenes tomadas con telescopio para identificar a qué cuerpo celeste corresponde cada punto, hasta el recuento de células cancerígenas en una revelación de microscopio, son sólo algunos ejemplos de proyectos científicos que se han valido abiertamente a través de Internet de la ayuda de aquellos voluntarios que han accedido.

Nosotros os vamos a pedir vuestra ayuda y colaboración para llevar a cabo el proyecto que os proponemos. Es de una gran importancia la ayuda de aquellas personas que quieran participar para hacer realidad una idea que podremos disfrutar todos. El Proyecto AlbaNatura  trata de ser un inventario de todas las especies animales y vegetales de la provincia de Albacete según su localización geográfica. No existe ningún mapa explícito ni ninguna planificación interactiva que nos permita saber que determinadas especies de animales o de plantas existen una región o comarca de la provincia de Albacete. Desde AlbaCiencia, y con todos aquéllos que queráis participar, vamos a tratar de hacer el atlas más completo de localización y existencia de especies diferentes por cada comarca o población de Albacete (situación geográfica).

Para ello es necesario llevarlo a cabo con la ayuda y la colaboración voluntaria de todas las personas que puedan participar. ¿La forma de participación? Es muy simple, con una sola foto que nos envíes por correo electrónico o  a través de Facebook y Twitter ya hay suficiente. Se trata de conseguir una foto de cualquier animal o planta, independiente de si es artística o no, para probar que existe el individuo de esa especie y que nos digáis la localización aproximada de la foto.

Como podéis ver se trata de una tarea sencilla, en la que cualquier persona con móvil o aparato para fotografía puede aportar su granito de arena y ayudar a conseguir que AlbaNatura sea real, libre y abierto al público. Del análisis de los resultados y de la elaboración del inventario final nos encargamos nosotros.

Os invitamos a todos a participar a través de correo electrónico y redes sociales.

Podéis encontrar más información en la pestaña de Proyecto AlbaNatura.

Muchas gracias por vuestra colaboración, un cordial y afectuoso saludo.

El Equipo Oficial de AlbaCiencia. 

Arañas cangrejo (Thomisidae)

Las arañas cangrejo son arañas pertenecientes a la familia Thomisidae, formada por unos 170 géneros y unas 2.000 especies. Se las denomina así debido al parecido de la  morfología de estas arañas con la de los cangrejos,  y a la facilidad que tienen de desplazarse de manera lateral o hacia atrás igual que ellos.

A pesar del gran número de especies que integran este grupo, nosotros nos centraremos en algunas especies que tienen la capacidad de mimetizarse  cambiando de color para ser confundidas con las flores en las que esperan a sus potenciales presas y que son bastante fáciles de ver por los jardines de toda la península, incluyendo la provincia de Albacete.

 

Thomisus onustus sobre una flor de cebollino (Allium schoenoprasum)

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Cómo distinguir los pinos (Pinus L.) de la provincia de Albacete

El género Pinus está representado en la provincia de Albacete por cuatro de las seis especies ibéricas. Este género incluye en nuestro país a especies tan comunes como el pino carrasco (Pinus halepensis), al pino rodeno o resinero (P. pinaster), al pino piñonero (P. pinea), al pino negral, laricio o salgareño (P. nigra), al pino silvestre (P. sylvestris), y a otras más escasas, como el pino de montaña (P. uncinata) y al pino canario (P. canariensis); si bien en nuestra provincia encontramos únicamente los cuatro primeros.

En esta entrada de Albaciencia, intentaremos ofrecer una idea rápida sobre nuestros pinos y una serie de datos y pistas que ayudarán a cualquier interesado en la flora de nuestra provincia a distinguir las cuatro especies de pino que crecen en nuestras montañas y campos.

 *Pino de Alepo, carrasco o blanco (Pinus halepensis Mill.)
Se trata, sin duda, del pino más común en la provincia de Albacete. Aparece tanto en zonas bajas como en montañas altas, desde el valle del Júcar a las Sierras Béticas, y sigue más allá, pues su distribución es marcadamente mediterránea. Es amante de la sequedad y el sol y no le gustan las heladas frecuentes ni el exceso de agua. Los mejores ejemplares se encuentran en las Sierras de Segura y Alcaraz, pero en la misma capital se plantan en parques y jardines (los famosos pinos gigantes del Parque de Abelardo Sánchez son pinos carrascos, algunos con edades de más de 100 años; estos pinos alcanzan tamaños considerables por exceso de riego).
Lo identificaremos fácilmente por:
-COPA: globosa o irregular en los ejemplares viejos, cónica en los jóvenes. 
-CORTEZA:
oscura, con algunas escamas rojizas, muy agrietada.
-PIÑAS: de tamaño mediano, hasta unos 12 cm de largo. Es característico el pedúnculo que las une a la rama. Los piñones son alados.

Pino carrasco (Pinus halepensis)

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