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100 años de la carrera hacia el Polo Sur. Amundsen vs Scott

Expediciones de Amndsen y ScottViernes, 29 de marzo de 1912, el capitán Robert F. Scott escribe en su diario sus últimas palabras: “Por el amor de Dios, cuidad de los nuestros”. Se encuentra en una tienda de campaña en la Antártida a 700 km. del Polo Sur. Le acompañan el teniente Bowers y el médico Wilson, todos ellos en una situación extrema, y conscientes de la inevitabilidad del desenlace. Afuera, con unas temperaturas en torno a -40 ºC, una terrible ventisca que parece no tener fin les retiene inmovilizados. En el interior la situación no es mucho mejor, se encuentran completamente extenuados después de casi 5 meses de expedición. En condiciones normales se encontrarían a menos de dos jornadas de marcha para alcanzar el que habían denominado “Depósito de la Gran Tonelada”, situado a menos de 20 km.  Alcanzar este depósito, localizado a los 79º 29′ S, es imprescindible para poder regresar a la base situada en la isla de Ross. Aún así, todavía les quedarían más de 200 km. para el fin de la expedición, pero imposibilitados de llegar a este aprovisionamiento, la muerte se les acerca inexorablemente, y son conscientes de ello.

El depósito se encuentra en medio de la inmensa llanura con cajas apiladas hasta una altura de 2 metros. Por decisión suya se estableció más lejos de lo inicialmente previsto. Hace un año tomó una decisión que resultaría clave para el desenlace de la expedición. Afectado por el sufrimiento que estaban padeciendo los caballos -uno de ellos se encontraba completamente ensangrentado- ordenó establecer el aprovisionamiento 56 km antes de lo planeado, en los 80º de latitud, pues no podía violar sus convicciones por avanzar unos pocos kilómetros más.

Llevan días intentando avanzar, pero la ventisca les golpea con fuerza, y les hace imposible el avance. Además, las bajas temperaturas provocan que la marcha sea desesperadamente lenta. Por debajo de los 40º el suelo de hielo es tan áspero como el del hormigón rugoso, el rozamiento del trineo con la superficie congelada es descomunal y para vencerlo se necesita un esfuerzo que los tres valerosos ingleses apenas pueden realizar. Todo ello a pesar de haber aligerado la carga, ya que han abandonado el teodolito, la cámara fotográfica y todo lo prescindible. Todo, excepto los diarios y las muestras geológicas recogidas en el descenso del glaciar de Beardmore, lo único realmente muy pesado que se niegan a abandonar, y que posteriormente serían muy valiosas para validar la tectónica de placas. Sufren serias congelaciones en las extremidades. Sólo tienen comida para dos días, y combustible para uno, que también necesitan para obtener agua, ya que derretir directamente la nieve y el hielo en la boca precisa unas calorías de las que ya carecen, y que, paradójicamente, incrementa la deshidratación.

Scott no para de preguntarse qué ha funcionado mal. Como jefe de la expedición ha tenido que tomar duras decisiones. Era consciente de que el destino de 5 hombres iba a depender del éxito de la planificación y ahora, ya irremediablemente, van a morir todos en el intento de la conquista del Polo Sur. ¿Qué es lo que ha fallado?, ¿la planificación?, ¿la dieta –se encuentran totalmente desnutridos-?, ¿los caballos?, ¿el equipamiento?, éstas y muchas otras cuestiones no paran de mortificar a Scott.

Después de tantos esfuerzos para llegar al destino -el 17 de enero habían alcanzado el polo sur- reciben un duro golpe al ver la bandera noruega ondeando, y comprobar que la otra expedición se les ha adelantado; pero sin duda todavía aún más duro es el regreso, con la muerte de dos de sus acompañantes. Primero, el teniente Evans, gigantón y mujeriego, amante de la cerveza, que ocurre durante el descenso del glaciar; y después el capitán Oates quien, el día de su 32 cumpleaños, abandona la tienda para no volver. Ambos se comportaron de una manera excepcional, soportando el dolor sin quejarse, sin dejarse vencer por la adversidad, en una actitud de un valor extraordinario. Sin embargo, los problemas físicos de ambos ralentizaron la expedición, marcando también su destino, y ahora se ven incapaces de alcanzar el punto de abastecimiento.

Tras varios intentos de reanudar la marcha no lo consiguen por las adversas condiciones meteorológicas. Scott intenta estar animado, pero las fuerzas le abandonan, en esos momentos echa de menos poder seguir escribiendo en su diario, con tantas cosas que contar. Pero escribir, algo que nos puede parecer tan sencillo, en sus condiciones supone toda una tarea titánica. La desnutrición y la deshidratación se lo impiden. A pesar de su fracaso, ya sólo espera que el mundo entero reconozca la valía de estos hombres.

Se cumplen ahora 100 años de uno de los más grandes hitos de la exploración del planeta, la conquista del Polo Sur, que además, revistió de un interés humano extraordinario, con una carrera entre el noruego Roald Amundsen, vencedor final, y el británico Scott que, además de ser derrotado en esta competición, pagaría con su vida el intento. Merece la pena detenerse a conocer algunos detalles de estas fascinantes expediciones al último rincón todavía inexplorado del planeta.

Entre los antecedentes de esta expedición, podemos encontrar que Amundsen participó como timonel en la expedición antártica belga de 1897, donde también participó Cook, y después dirigió la primera expedición que logró atravesar el mítico paso del noroeste entre los océanos Pacífico y Atlántico; por lo que ya era un consumado y reconocido explorador. Otro tanto ocurría con el otro contendiente, Scott, que realizó una primera expedición de reconocimiento en 1900 con el navío Discovery, y donde alcanzaron los 82°17′ S de latitud estableciendo el record de la época.

Por otra parte, otro miembro del Discovery, Ernest Shackleton, realizó un intento en 1907 a bordo del Expedition. Para lo cual, establecieron su base en la isla de Ross, y realizaron su tentativa utilizando ponis de Manchuria en lugar de perros, que no había dado los resultados esperados anteriormente. No obstante, en esta ocasión tampoco se mejoró mucho con el cambio, debiendo confiar fundamentalmente en el tiro de los propios hombres para el transporte. La expedición estuvo a punto de triunfar, llegando a alcanzar los 88°23′ y quedando sólo a 180 km. del Polo, tomando la decisión de retroceder ante el elevado riesgo de sus propias vidas.

En 1910, a bordo del Terra Nova, Scott realiza un nuevo intento, corrigiendo algunos de los defectos observados por el propio Shackleton. Así podría alcanzar el éxito, lo que finalmente logra, aunque con las consecuencias que ya sabemos. Utiliza como tiro perros, caballos y fundamentalmente el propio esfuerzo humano; y además, en una meritoria apuesta por la tecnología, lleva también tres trineos motorizados con orugas, si bien todos prototipos aún experimentales, el mejor de los cuales se hundió durante la descarga. No obstante, su apuesta fundamental, como hiciera Shackelton, fueron los caballos y sus propios hombres; lo que fue uno de sus primeros errores.

El mismo año tiene lugar la expedición de Amundsen. Si bien este explorador plantea inicialmente su expedición como dirigida al Polo Norte, logrando que el gobierno noruego le ceda el buque Fram, un velero perfectamente adaptado a la navegación polar, auxiliado con un motor de carbón que el propio Amundsen, también en una apuesta por la tecnología emergente, sustituyó por otro de gasoil. Tras su partida de Noruega, en la escala en Madeira, anuncia al mundo, completamente por sorpresa, el cambio de sus planes, y su nueva ruta al Polo Sur, y evitando hacer nuevas escalas, a fin de impedir la posible recepción de órdenes de regreso procedentes del gobierno noruego, que podría temer enemistarse con el poderoso Reino Unido. Este cambio fue debido a que el Polo Norte ya había sido conquistado, dirimiéndose además en esos momentos la disputa entre Peary y Cook por su autoría, por lo que preveía un escaso reconocimiento si lograba esa hazaña. Como tracción para los trineos, Amundsen tomó una decisión más acertada que su oponente. Se basó únicamente en perros esquimales, perfectamente adiestrados y conocedores de sus cuidadores, que ahora funcionaron a la perfección.

En su planteamiento de la acometida, ambos siguieron líneas parecidas; estableciendo campamentos base, y depósitos de aprovisionamiento para el regreso. Scott lo estableció en la isla de Ross y siguió la misma ruta de Shackelton para el ascenso a la meseta. El último y principal de sus depósitos lo denominó de la “Gran Tonelada”, si bien, y como ya hemos comentado tuvo que establecerse 56 km. antes de lo previsto.

Por su lado Amundsen estableció su base en la Bahía de las Ballenas, que estaba situado algo más cerca de la meta que la base británica, si bien tenía el inconveniente de que la ruta a seguir era completamente desconocida. Durante el verano anterior logró establecer tres depósitos, en las cotas de 80º, 81º y 82º, lo que le facilitó el posterior camino de regreso. Además, Amundsen no puso reparos para alimentar a los perros, e incluso a ellos mismos, con los perros fallecidos o directamente sacrificados cuando ya no eran necesarios, lo que no hicieron los británicos por la oposición del propio Scott.

Con el verano austral ambas expediciones parten hacia su destino. Los noruegos el 19 de octubre, y los británicos el 1 de noviembre. Ya desde sus primeros pasos los perros de Amundsen funcionan a la perfección, si bien la mitad de ellos son sacrificados al alcanzar la parte superior de la meseta, al ser ya innecesarios. Por el contrario, la combinación de perros, caballos y vehículos motorizados de Scott no dan los resultados esperados.

El 14 de diciembre los noruegos alcanzan su meta, el Polo Sur, mientras los británicos en esos momentos sólo han llegado a la meseta superior, con poco más de la mitad del camino realizado. Aquellos comienzan el retorno, con el tiempo empeorando para desgracia de los británicos. Scott logra llegar al Polo el 17 de enero, mientras que Amundsen, con un equipo ya exhausto, consigue alcanzar el primer depósito de provisiones y reponer fuerzas. En la meta, los británicos encuentran la bandera noruega y una carta de Amundsen dirigida a ellos. La famosa foto que tomaron refleja el abatimiento que debieron sentir.

El camino de regreso para el equipo de Scott fue extremadamente duro, mucho más que para los noruegos, por las extremas condiciones climáticas. Y mientras que el 25 de enero, estos llegan a su destino final, la Bahía de las Ballenas, para entonces Scott y su equipo aún no han alcanzado los 88º. El 7 de febrero alcanzan el límite de la meseta completamente extenuados, y con un tiempo increíblemente atroz deben invertir más de un mes en su descenso, y en ese intervalo se produce la muerte del primer caído, Evans. El 17 de marzo se produce la muerte de Oates que, imposibilitado de continuar, decide abandonar de noche el campamento sin avisar, a fin de evitar ser una carga para sus compañeros, que se negaban a abandonarlo. Pero ese generoso sacrificio ya es inútil pues finalmente, el 20 de marzo, se ven detenidos definitivamente por un gran temporal, habiendo agotado ya ampliamente todas sus fuerzas. Se encontraban a 18 km. del depósito de la Gran Tonelada, que ya habrían alcanzado de haber estado ubicado en el lugar previsto, y quizá salvado sus vidas e incluso la de Oates.

Aunque la expedición de Amundsen estuvo mejor preparada, la de Scott, aún con sus defectos, todavía podría haber tenido éxito de no haber contado con una climatología extraordinariamente adversa, uno de los peores inviernos de los registrados en todo el siglo XX, e incluso la mala suerte del momento elegido para establecer el depósito para la vuelta, donde también debido al mal tiempo debieron adoptar su dura decisión.

El diario de Scott, encontrado junto a su cadáver, refleja su extraordinaria personalidad, y contribuyó a que su expedición tuviese, si cabe, mayor reconocimiento que la del propio vencedor. Y aún hoy, ya transcurridos 100 años desde aquella proeza, no es posible permanecer indiferente al leer su última anotación: “Resistiremos hasta el final, pero la muerte ya no puede estar muy lejos. Es una pena, pero creo que ya no podré seguir escribiendo. Por el amor de Dios, cuidad de los nuestros”. Como ya dijera Stefan Zweig de esta trágica historia: “Es la más grandiosa tragedia de todos los tiempos, la que, de cuando en cuando, logra crear algún poeta, y la vida miles de veces”.

La publicación del diario oscureció en cierta medida el triunfo de Amundsen. Incluso, él mismo contribuyó a minusvalorar sus propias dificultades en el suyo, presentándolas como menores de lo que en realidad fueron. Sobre su victoria, alcanzada tras recorrer 1.280 km. en 55 días escribía en su diario: “Alcanzado el objetivo, terminado el viaje … No puedo decir que haya alcanzado el objetivo de mi vida. El Polo Norte me había atraído desde pequeño, y allí estaba, en el Polo Sur. ¿Cabe imaginar algo más disparatado?”

A día de hoy, en el Polo Sur existe una base científica internacional perteneciente a todos los países signatarios del Tratado Antártico y que lleva el nombre de base Amundsen-Scott; lo que es un reconocimiento explícito bien merecido para ambos exploradores. Como curiosidad, indicar que está bastante desplazada del lugar alcanzado hace 100 años por los expedicionarios. Cercana a la base se encuentra el denominado Polo Sur Ceremonial, donde se sitúa una esfera metálica sobre un pedestal, rodeada de las banderas de los países, y que está ubicada a pocos metros del Polo Sur Geográfico real, ya que éste no está en un lugar fijo -está marcado únicamente por una estaca- debido a que toda la zona se encuentra sobre un glaciar en movimiento que se desplaza a unos 10 metros por año, por lo que cada día de Año Nuevo, la estaca debe cambiarse de posición al lugar correcto.

Fernando Cuartero

Jesús Ruiz

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