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Libros: Historia de la Ciencia sin los trozos aburridos.

Datos

Historia de la Ciencia sin los trozos aburridos.

Ian Crofton

CienciaDivulgación

Colección Claves

Fecha de publicación: 17/02/2011

384 páginas

ISBN: 978-84-344-6958-7

Sinopsis 

¿Cansado de la ley de Ohm? ¿Harto de la estadística? Hastiado del número de Avogadro? ¿La entropía le suena a entronque, las globulinas a globos pequeños? Entonces el lector necesita una dosis de La ciencia sin la parte aburrida.

Esta cronología de curiosidades científicas comprende multitud de teorías estrafalarias, experimentos inverosímiles, profesores chiflados, charlatanes cuestionables, bromistas traviesos, expertos engañados, y una serie inestimable de especulaciones absurdas y sin fundamento.

Lea todo acerca de: Los intentos de los soviéticos para crear un híbrido simio-humano… La convicción de sir John Herschel del valor nutritivo del serrín… La investigación de Darwin sobre la musicalidad de las lombrices de tierra… El distinguido médico inglés que se inyectó testículos de cobayas… El hombre que temía que la energía de las mareas podría atraer a la Luna peligrosamente cerca de la Tierra… El experimento que afirmaba demostrar que el alma pesa exactamente 21 gramos.

Éstos son sólo algunos de los pintorescos y asombrosos relatos que encontrará entre las páginas de La ciencia sin la parte aburrida, desde los más sublimes hasta los absolutamente ridículos, con especial énfasis en estos últimos.

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 Crítica


No es el primer – ni presumiblemente el último – libro que trate de hablar de ciencia como algo divertido haciendo alusión a las anécdotas que suceden en la historia del conocimiento. En este volumen tenemos recogido una serie de sucesos enfocados de distinto modo y ordenados cronológicamente. Puede resultar engañoso el título, normalmente cuando uno piensa en cualquier categoría de historia nos vienen a la cabeza los hechos más relevantes y aquellos que marcaron la línea ideológica o argumental del campo en cuestión. Sin embargo este libro es más bien una recogida de anécdotas que guardan algo en común entre ellas: mostrar que todo ser humano se equivoca y a veces con consecuencias aberrantes. Lo parte de “sin los trozos aburridos” es un arma de doble filo. Primero porque no por presentar una sucesión de hechos relativamente “graciosos” vaya a resultar que se extrae lo más divertido o fascinante y segundo, porque a lo mejor en esos “trozos aburridos” están los hechos que han hecho posible la ciencia tal y como la concebimos hoy.

La estructura en sí ya es demasiado compleja como para atraer el lector. Lo mismo una historia de dos páginas que relata una ridiculez experimental es precedida por otra que trata de mostrar una moraleja con un salto de años bestial y sin relación alguna. Un vaivén de hechos en una montaña rusa argumental que de tanta vuelta acaba confundiendo al que se monta en ella.

El arranque literario es muy pesado y hace casi extenuante los primeros miles de años. Después de llegar a la mitad del volumen del título se condensan todas las anécdotas y documentaciones del último siglo en adelante. Si ya nos era difícil digerir la velocidad de bólido que tomamos anteriormente ahora caeremos en las arenas movedizas del nacimiento de la cuántica, la computación y otras cuestiones poco o nada interesantes de las ciencias experimentales.

A mi juicio, una obra que promete un producto divulgativo que no da. Un paquete de ciencia que no llega al lector, o que llega en mal estado. La estructura, ya poco atractiva, de descuartizar cada periodo histórico hace que lo mejor de pasar de página sea la evidencia de que queda menos para llegar al final. Las perpetuas discontinuidades de salto en el eje histórico y su densidad contemporánea como colofón dejan con muy mal sabor de boca a quien se embarca en este particular periplo.

Si ya has pasado página con la fortuna de que era la última llega el momento de valorar personalmente lo que has asimilado. Ni has encontrado historia de la ciencia ni ha sido divertido.

Será que uno cogía este título con las expectativas demasiado altas, será que esta publicación se pospuso porque el título que reseñamos anteriormente me sobrecogió de buena manera o quizá que un mismo contenido se ve diferente a los ojos de cada lector. Tal vez sea que yo tengo un día malo para escribir una reseña científica o tal vez fue un día malo para el autor cuando decidió lanzarse sobre el folio.

Parece ser que la crítica digital no opina lo mismo que yo.

 

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