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¿Anti-vacunas? No, gracias.

Parece ser que está corriente originaria de Estados Unidos se está poniendo de moda, en esta entrada vamos a ver como los anti-vacunas –al igual que todas las modas – no deja de ser una práctica injustificada y poco útil.

Para empezar vamos a ver el contenido de una vacuna tradicional. Aunque recientemente se han incorporado al mercado y se está ensayando en estadios clínicos con vacunas basadas en un principio distinto al de las tradicionales, como la febril oposición a las mismas nació en etapas de uso extendido de las últimas tiene más sentido que analicemos éstas.

Principio: Para crear reacción inmune moderada, es decir, activar las defensas y generar anticuerpos se administra una dosis determinada de patógeno – virus o bacteria – atenuado o inactivado.

Considerando atenuado como solución donde el 90% de agente infeccioso está muerto si es bacteria o es incapaz de infectar si se trata de virus. Para atenuar un patógeno lo que se hace es inyectarlo en un cultivo celular de laboratorio. El huésped en este caso es una célula que normalmente no infectaría en condiciones fisiológicas, por lo que el patógeno no puede infectar ni replicar. Se extrae el agente infeccioso y se vuelve a inyectar en estas células hasta 30 veces. Este proceso es una selección natural forzada. El virus o bacteria acabará por perder sus genes de virulencia y patogenicidad de forma que cuando inyectamos en forma de vacuna no puede causarnos una infección.

Por otra parte, consideramos como inactivado un agente patógeno que no puede replicar ni dividirse dentro del huésped. Para ello utilizamos formaldehido, un reactivo que une las proteínas de los agentes por otros enlaces que no son los naturales – el enlace peptídico –

A veces se inyecta directamente la toxina pero lo suficientemente diluida como para que no nos produzca una reacción desagradable.

Si bien es cierto, a veces se han detectado incidentes. Son casos en las que un patógeno mal inactivado o no atenuado ha causado la propia infección al vacunarse y ha sido trasmisible. Son casos marginales. La vacunación es un proceso muy seguro y los casos incidente se deben a problemas en el manufacturado de la vacuna y no a un error de prueba de concepto o prueba de principio, que debe ser evaluada entre 8 – 10 años en grupos de más de 5000 personas repartidas en tres fases clínicas.

Adyuvante: Es un potenciador de la respuesta inmune. Algunas toxinas que son conjugados de glúcido-proteína donde la proteína aumenta la reacción fisiológica contra el antígeno que es el azúcar propiamente hablando. El más utilizado son las sales de aluminio. Cabe resaltar que no se aprueban o se rechazan los adyuvantes de por sí sino que se aprueban en combinación al principio. De manera que las sales de aluminio solo se pueden utilizar en la combinación con los principios aprobados respectivamente. Activan muy bien la inmunidad humoral – formación de anticuerpos-.

Excipiente: Ya no se utilizan. Es una especie de conservante para poder guardar la vacuna en forma de vial – reservorio más grande y no sólo en cartucho individual-. Se usaban compuestos conjugados de mercurio.

Ya sabemos lo que hay. Aquí ni trampa ni cartón, una vacuna a lo sumo lleva éstos tres componentes. Visto esto los riesgos que podemos asumir son los siguientes:

-          Incidente. En caso de que un virus revierta su virulencia y pueda causar una infección y ser trasmisible.

-          Inflamación por formaldehido. La molécula atenuante puede causar este efecto no deseado cuando la concentración es límite.

¿Cuál es la excusa de los anti-vacunas? Podéis encontrar 50 en esta web, por ejemplo. Vamos a meterles mano a algunas:

1)      No hay evidencia científica de que las vacunas prevengan de enfermedades. Después de la potabilización del agua en las ciudades, las vacunas son la segunda causa de alargo de la vida media en todo el mundo a lo largo de la historia –y sólo existen desde mediados del siglo XVIII-.

2)      No hay estudios a largo plazo sobre la seguridad de las vacunas. Vaya, resulta que hay una fase preclínica con animales de laboratorio donde cada país según su legislación exige un número mínimo de animales para demostrar el concepto. Luego una fase preclínica F0 donde se inyecta la dosis mínima en voluntarios sanos para ver su efecto inmediato. Una fase F1 con tres grupos de entre 20 y 80 personas para ver la dosis mínima recomendada y la dosis máxima tolerada para ver sus efectos más inmediatos a 2 años vista. Una fase F2 para ver la correlación dosis-respuesta y su seguridad a medio plazo que dura hasta 5 años. Por último una fase F3 que llegaría hasta los 8 o 10 años para ver efectos secundarios. No sin obviar que cada vez que una vacuna resulta insegura y se demuestra es retirada inmediatamente de la sanidad.

3)      El niño no recibe una, sino muchas vacunas. Existen combinaciones de varias vacunas, las combinadas, como por ejemplo a alguien le puede sonar la triple vírica que protege contra tres serotipos distintos. No se administran mucho actualmente porque el sistema inmune adquiere preferencia por uno de los patógenos y protege más por ese que para los demás.

4)      TODOS LOS INGREDIENTES DE LAS VACUNAS SON EXTREMADAMENTE TÓXICOS POR NATURALEZA. Es mi favorita. Por supuesto no se os ocurra inyectaros dos litros de formaldehido, que es tóxico. Si os bebéis 10 litros de agua os deshidratáis por osmosis, así que ya sabéis, cuidadito con el agua que también es tóxica – y vuestro cuerpo es 60% tóxico-.

5)      El mercurio, aluminio y virus vivos en las vacunas pueden estar detrás de la gran epidemia de autismo. Sonó la flauta. Si bien es cierto que algunos adyuvantes, como el de la gripe porcina que se administró en España hace 4 o 5 años, pueden causar efectos neurodegenerativos irreversibles. Eso sí, cada vez que se detecta un caso de este tipo en cualquiera de las fases anteriores se elimina la vacuna automáticamente. Y el adyuvante del caso del autismo, aunque no se llegó a demostrar que causara autismo, fue también retirado del mercado.

6)      Según el investigador de la vacuna contra el Dr. Harris Coulter, las vacunas hacen que los niños se conviertan perversos y criminales. No sé quién es este hombre, a lo mejor no existe porque no lo he encontrado. Pero también dicen lo mismo de los videojuegos, el fútbol y otras prácticas que por razones obvias… Vaya, que cuesta imaginarse que esto se lo crea hasta el que lo ha escrito.

Espero que esto ayude a encontrar un punto de vista más crítico y escéptico de la realidad que algunos nos intentan inculcar.

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