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Viagra: Un descubrimiento accidental

Estamos acostumbrados a relatos como el que cuenta que el doctor Fleming  descubrió el hongo de la penicilina. Son hechos llamativos que a menudo utilizamos para reivindicar la casualidad y el papel trascendental que juega en la Historia.

Otro caso no tan conocido es el del citrato de sildenafilo o más conocido por sus nombres comerciales Viagra/Revatio. Este fármaco famosísimo en el tratamiento de la disfunción eréctil tenía otro destino en los estantes de las farmacias hasta que Pfizer, compañía que lo desarrolló, encontró un efecto secundario más provechoso.

Viagra es distribuida en forma de pastillas.

Viagra es distribuida en forma de pastillas.

Tenemos que remontarnos a principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando esta empresa farmacéutica investigaba como tratar la angina de pecho. La enfermedad en cuestión está causada por un aporte insuficiente de sangre – y por lo tanto oxígeno – al corazón, produciendo un característico dolor opresivo en la zona del esternón.  La angina de pecho tiene una clave patológica en común con la hipertensión arterial, producida por el aumento de la presión en las arterias para contrarrestar la falta de aporte sanguíneo.

Anatomía del sistema cardiovascular.

Anatomía del sistema cardiovascular.

Así que Pfizer buscaba encarecidamente un fármaco que actuará en un nivel que permitiera combatir ambas complicaciones cardiovasculares. La diana para matar estos dos pájaros de un tiro es la enzima fosfodiesterasa 5 (PDE5). Esta proteína hace uso de un átomo de Zinc y otro de Magnesio o Manganeso para modificar una molécula en la cascada de señalización de la contracción muscular del corazón y la aorta. Inhibiéndola supuestamente con Viagra, el exceso de contracciones se vería notablemente reducido devolviendo al paciente a una situación fisiológica (de normalidad).

El medicamento, una vez producido y habiendo superado todos los controles de seguridad, fue ensayado en el Hospital de Swansea (Gales). El entonces denominado compuesto UK-92480 no reportó los datos de mejora en pacientes que esperaban que arrojara tras el ensayo. Pero no todo fue malo, los voluntarios que se trataron con él avisaron de un curioso efecto secundario: multitud de erecciones. Otras lenguas dicen que los pacientes se negaban a abandonar el ensayo incluso tras demostrarse que no habían experimentado mejoría alguna, pero como todos los rumores no hay fuente documentada que aclare lo que pasó.

La cosa no era tan sencilla como descubrir una panacea sexual para lanzarla al mercado como un fármaco mesiánico que prometía horas y horas de placer. Si bien es cierto que la posibilidad de reinventarse como un tratamiento para la disfunción estaba sobre la mesa aún habría que descubrir su modus operandi.

El científico Chris Waymann se esforzó en diseñar un sistema eréctil motor en laboratorio. Tomó una muestra de tejido de pene que donó un paciente con disfunción y la conectó a un sensor que se encendería si recibía un estímulo eléctrico. El tejido a su vez se hallaba irrigado por una solución líquida cuyo contenido era conocido y se podía manipular con facilidad. Ya podemos ver que en realidad se está mimetizando el comportamiento del órgano in vivo: un miembro viril del que una vez excitado se puede medir el impulso nervioso – aquí representado por el señal eléctrico-. (Podéis ver en este vídeo como Wayman explica su modelo).

Capturas del modelo eréctil de Wayman.

Capturas del modelo eréctil de Wayman.

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Sensor que detectaría la excitación.

El hecho de que una solución inunde el tejido es útil para simular la irrigación sanguínea. En esta infusión añadieron el fármaco y efectivamente comprobaron que el efecto secundario no era un bulo. Se detectó señal por lo tanto el tejido patológico había conseguido recibir impulso nervioso. Hay que destacar que los voluntarios del Hospital de Swansea que recibieron Viagra por primera vez no padecían de disfunción sexual. Así pues era importante que se comprobara su acción en pacientes puesto que de lo contrario no hubiera surtido el efecto que cosecha.

En 2013 Viagra cumplió 15 años y aunque su patente haya expirado no se puede decir que no haya cubierto en oro a sus descubridores. Después de batirse en duelo contra otras pastillas en más de 120 ensayos con 13.000 voluntarios, Viagra ha sido recetado a más de 230 millones de personas – esto es, la mitad de población de la Unión Europea aproximadamente -.

Como comentaba al principio, esta historia no es tan conocida como otras – véase la dificultad para dirigirse a las fuentes – pero no deja de asombrar lo curiosa que es la investigación y la industria farmacéutica. No podían ser menos y había que reservar unas líneas para los detractores que tratan de restar mérito a estos descubrimientos. Ciertamente el objetivo de la Viagra nunca fue el que al final consiguió pero un poco de casualidad no debe empañar el trabajo, esfuerzo y dedicación que este laboratorio había depositado. Para ellos – los detractores-  les regalo la última frase de esta entrada: la suerte también hay que buscarla.

2 Thoughts on “Viagra: Un descubrimiento accidental

  1. Un artículo muy informativo. Muchas gracias por compartir sus conocimientos.

  2. Muchas gracias. Siempre me faltaba tal material detallado y bien escrito para que me oriente mejor acerca del tema.

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