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La experimentación animal, una visión ética.

A raíz de la noticia que se dio a conocer en algunos medios la semana pasada y el consiguiente comentario – más o menos acertado – que publiqué en su momento, me veo en la obligación de hacer una exposición pública de mi postura en el debate ético sobre la experimentación animal.

Partimos de lo más básico, ¿qué viene a ser lo que hacemos cuando experimentamos con animales? Pues bien, algo que para bien o para mal el ser humano lleva haciendo desde hace milenios: usar los animales a su antojo. Dicho de esta manera, uno puede pensar que es una idea totalmente descabella, que no somos más que otro escalón en la cadena evolutiva y que nada nos da derecho a sobreponernos por encima de ninguna especie  - mucho menos a someterla-. Estoy de acuerdo con la argumentación anterior no sin antes preguntarnos ¿cuándo? ¿Cuándo podemos y/o debemos saltarnos está línea roja que nos hemos autoimpuesto? Muchos de ustedes tal vez coincidan conmigo en que el uso de animales con fines recreativos que implican sufrimiento, muerte y por ende barbarie son una atrocidad moral. Dice mucho de nosotros, ya no sólo como personas, sino como especie “racional” el disfrute del sufrimiento ajeno –sea humano o del resto de animales-. Si escalamos en el grado de utilización animal nos encontramos con la experimentación. Evidentemente, nos dejamos entre tanto muchos matices, la domesticación, consumo y caza, comercialización… En esta entrada pretendo ceñirme al tema de la experimentación animal en ciencia puesto que si hablara de lo otro perdería todo el cariz divulgativo.

Volviendo a la experimentación. ¿Por qué utilizamos animales? La respuesta es sencilla, son el mejor modelo que tenemos. Podemos trabajar con células en cultivo, pero si luego vamos a utilizar un fármaco que va a ser metabolizado por un organismo entero no podemos atendernos únicamente a las bondades que nos ofrece un sistema totalmente aislado. Cuantas más señales podamos integrar mejor, más realista será nuestra aproximación experimental a la realidad. ¿Y todo ello como lo conseguimos? Sí, con animales. Muchas de las veces que he esgrimido este argumento ante opositores  me han respondido de la misma manera: utilizad otra cosa. Desde aquí, como llevo años haciendo cada momento que recibo este “encargo” voy a proponer algo: que los anti-experimentación animal también busquen (porque si consideran el uso de animales en laboratorios un problema, desde luego el problema es principalmente suyo) un método como mínimo igual de fiable que un organismo vivo y que aporte las mismas ventajas. Ante la decepcionante propuesta animalista nos vemos obligados a seguir utilizando animales con fines experimentales.

A veces tendemos a olvidarnos de lo beneficiosa que es la ciencia para todos. Me resulta irónico leer peticiones como ésta de una plataforma virtual, que promueve la abolición de semejantes técnicas experimentales. Porque imagino que ninguno de los casi 20.000 firmantes que la apoyan habrá sufrido alguna vez un dolor de cabeza. Afortunados que nunca han necesitado una simple pastilla. Debo añadir más cosas, imagino que nunca han necesitado de una intervención quirúrgica, vacuna, tratamiento hormonal, etc. Afortunados ellos por su dádiva divina de un sistema inmune tan robusto. Roza lo ejemplar, una genética tan bizarra capaz de doblegar la selección natural y disolver el paréntesis darwiniano a golpe de cátedra moral. Desde luego, no hay nada como ser esclavo de unos principios para desafiar al Universo.

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Lanzo la pregunta, supongamos que alguno de nosotros requiere de una operación con cierta complejidad –hepatectomía, extirpación de algún órgano-quiste-tumor, intervención de corazón o neurológica –. Ojo, ya sé que es difícil imaginar que a alguno de estos titanes que rebosa linfocitos y anticuerpos pueda necesitar ayuda de la ciencia, pero vamos a tratar de imaginarlo por casi imposible que parezca. Pues bien, ¿Qué preferirías? ¿Un cirujano que vaya a realizar esta operación por primera vez o algún profesional que haya ensayado previamente con órganos animales si no con organismos enteros?

Estoy dispuesto a debatir con cualquiera en los comentarios o través de cualquiera de nuestras redes sociales (también tenemos mail albaciencia@gmail.com). Absteneos aquellos que vayáis a argumentar: “Pues experimentad con presos, gente que se quiera suicidar y demás.” No pienso debatir tal atrocidad digna de la mente más retrógrada – que por increíble que parezca, es un recurso muy utilizado por estos lares-.

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