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Ni tan blanco ni tan negro | La Fábrica de Genes (II)

En la publicación anterior hablamos de que era un transgénico, un OGM y cuáles se cultivaban en Albacete. También comentamos que había una gran controversia, a nivel global, sobre el uso y la manipulación de los transgénicos, sobre todo los dedicados al cultivo.

Alejándonos de polarizar la publicación hacia una de las dos principales vertientes ideológicas de este tema vamos a tratar de resumir y dar cabida a los principales argumentos a favor y en contra.

Una de las mayores bazas que juega la transgenia es la promesa de reducir el déficit alimentario. De hecho es una base teórica consistente que da un empujón a la investigación en este campo. Los intentos y las pruebas de conseguir cultivos más resistentes con un producto agrícola optimizado no son al azar, se dirigen a un objetivo determinado por nosotros.

Una producción más inteligente. Seleccionar una planta que proporciona un bien escaso haciendo un uso equitativo es una de las variables que más juego da a este tipo de ingeniería genética. Desde resistencia a plagas a diseño del fruto con características determinadas y otros usos. Maíz resistente a las plagas del taladro o arroz rico en caroteno y ciertas vitaminas son algunos de los casos modelos que abanderan la utilidad de los transgénicos.

Por último, la reducción al absurdo. La transgenia no es más que la aceleración y dirección de un proceso que ya se da de forma natural a lo largo de períodos grandes de tiempo por evolución y selección natural. Los organismos resistentes a plagas que surgen por mutaciones espontáneas son aquellos que perpetuarán la especie o darán lugar a una nueva. Esto si miramos la ecología, porque a través de herramientas más primitivas la selección artifical de los campos de cultivo y los animales de granja ha llegado al mismo objetivo. Arrancar las malas hierbas no es diferente a utilizar una planta adecuada para unas condiciones concretas. Entrecruzar los animales de pastoreo que tienen un carácter de interés, por ejemplo los toros más bravos o los bueyes más pesados, es lo mismo que diseñar un ratón transgénico para que pese el doble o viva más tiempo.

Las razones en contra de los transgénicos tratan de poner en contra el primer y el último punto del apartado anterior. La principal preocupación hace referencia a la supuesta inseguridad de los transgénicos. Al tratarse de algo comúnmente (y polémicamente) denominado anti-natural las esperanzas puestas en sus test de seguridad alimentaria y efectos secundarios a largo plazo son las de un pesimismo infundado a nivel social.

La otra razón es la ecológica, la intervención del ser humano en una práctica de modificación genética que afecta a varios linajes de especiación pone en alerta sobre si hacemos lo adecuado como humanidad o no.

A éstos dos puntos hay que sumarles las múltiples razones sociales, económicas y de mercado que de forma acientífica atribuyen a algo que a priori debería tratarse como lo que es: una investigación científica y no una especulación bursátil. Existen numerosas iniciativas antritransgénicos, la más conocida de Albacete es ésta de no hace muchos años: Pincha aquí.

 

Como parece evidente, cada propuesta es potencialmente ambigua y se escapa de las delimitaciones puramente genéticas.

Probablemente muchos echéis en falta otros argumentos. Del tipo mercantil, legislativo y de patentes.  Éstos son caracteres acientíficos y que deben ser tratados como tal. Así como no puede ser un argumento en contra de los transgénicos que la empresa X monopolice el sector tampoco lo será a favor que la introducción al mercado sea una actividad altamente rentable. La extrapolación a paradigmas mentales conlleva el riesgo de justificar barbaridades si no se enmarca el debate en el contexto adecuado. Dadas las dos visiones desde el punto de vista más científicamente estricto en las siguientes publicaciones que se den en este blog no vamos a entrar en otros campos sobre este tema.

La parte III de La Fábrica de Genes versará sobre los animales transgénicos, que también los tenemos, y su uso.

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