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Polinización en Ophrys speculum o espejo de venus.

Cuando oímos hablar de orquídeas, generalmente lo primero que se nos viene a la cabeza son esas flores tropicales de origen tan lejano y que nos resultan tan “modernas”. Sin embargo, el conocimiento de las orquídeas no es ni tan moderno, ni tan lejano. De hecho, el nombre orquídea se lo debemos a los griegos clásicos, y deriva del vocablo “orchis” que quiere decir “testículo”. Esto es debido a que las orquídeas que crecen en Europa, que son las que los griegos conocían, forman unas estructuras subterráneas similares a tubérculos (generalmente dos) que se asemejan a los genitales masculinos.

Foto de una orquídea del género Orchis en la que se observan los tubérculos.

Las orquídeas son el grupo vegetal más diversificado y también el más moderno y, como cabría esperar, son las que poseen algunos de los sistemas para atraer polinizadores más sofisticados. Mientras la mayoría de las plantas ofrecen en sus flores recompensas tan rudimentarias como sustancias nutritivas, las orquídeas han ido un paso más allá en su evolución y ofrecen recompensas como aceites fragantes, que los insectos utilizan como “perfume” para atraer a las hembras de su especie, ceras, e incluso ofrecen “sexo”, al asemejarse su labelo (pétalo más grande y llamativo de la flor de la orquídea) a las hembras de la especie de su polinizador, y llegando a emitir compuestos químicos con estructura similar a las feromonas de dicha hembra, algunas incluso con más efecto en el macho que la feromona auténtica.

El espejo de venus (Ophrys speculum) es una de esas plantas cuya flor se asemeja a la hembra de su polinizador, la avispa  Dasyscolia ciliata, tanto en la textura pilosa de su labelo y su forma, como en los compuestos volátiles que desprende, similares a las feromonas femeninas de este insecto. Para el macho de Dasyscolia ciliata, con su básico sentido de la vista y abrumado por la percepción de feromonas femeninas, no cabe duda de que aquéllo sobre lo que se está posando es una hembra receptiva de su especie, por lo que intenta de una y otra forma llevar a cabo la cópula, agitándose de un lado a otro en una frenética confusión.

                               

             Flor de Ophrys speculum.                                                            Polinizador de Ophrys speculum                                                                                           sddddddddddddddddddddfgfgddddddDasyscolia ciliata)

Al agitarse de un lado para otro buscando la manera de copular con el labelo de la flor, el macho acaba tocando el lugar en el que se encuentra el polen de la flor.  En el caso de las orquídeas, el polen no se encuentra expuesto y en forma de granos sueltos esperando a engancharse a los pelos de algún insecto que visite la flor, sino que han evolucionado hasta convertirse en unos pequeños paquetes (polinias) unidos a un pedúnculo adhesivo  que se queda pegado en el cuerpo del insecto polinizador. De este modo, cuando el macho de esta avispa toca el lugar en el que se encuentran las polinias, éstas quedan adheridas a él, esperando que las transporten hasta otra flor.

 

 

 

 

 

 

Proceso de adhesión de la polinia y detalle de la polinia adherida a la punta de un lápiz

Una vez que la avispa se va frustrada y con una o las dos polinias adheridas a ella, puede que dé con otra flor de Ophrys speculum con la que probablemente intentará copular de nuevo. Las estructuras femeninas de las orquídeas también se han diferenciado y han dado lugar a la “columna”, que presenta una superficie de textura pegajosa que hace que al más mínimo contacto de la polinia con ella los granos de polen queden adheridos, finalizándose así el proceso de polinización cruzada de la orquídea, y desencadenando la fructificación de la planta y el desarrollo de las semillas.

En las imágenes superiores se observa cómo al frotar la polinia sobre la superficie pegajosa de la columna, los granos de polen quedan perfectamente adheridos a ella.

También, en la imagen de la derecha puede observarse cómo la flor presenta todavía una de las polinias (la de la izquierda) con su parche adhesivo esperando a pegarse al cuerpo de algún insecto, mientras la de la derecha se encuentra ausente.

Cabe destacar que se trata de plantas muy específicas en cuanto a la selección de polinizadores, ya que el uso de feromonas específicas y semejanzas visuales con especies concretas establecen relaciones insecto-planta muy estrechas y selectivas, que se han ido desarrollando a los largo de millones de años de coevolución.

Una vez más espero que os haya resultado interesante e ilustrativo.

About Jorge Nogueras

Biólogo albaceteño amante de las plantas, los insectos y la naturaleza en su conjunto. Interesado en la geobotánica, la etnobotánica y la botánica sistemática principalmente, también me interesa, la entomología y las relaciones insecto-planta.

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